Pueblos con encanto para un paseo de verano

Escondidos entre montañas podrás encontrar alguno de los pueblos con más encanto de Andorra. Y el verano es sin duda la mejor época del año para recorrer estrechas callejuelas, plazas singulares o los rincones más curiosos. Arquitectura tradicional, usos y costumbres del pasado reflejados en cada centímetro de sus calles. Acércate y conócelos, descubrirás que esconden años de historia entre sus muros de piedra.

Llorts, tradición siderúrgica

El pueblo de Llorts te sorprenderá nada más llegar: casas de piedra, balcones de hierro forjado, la fuente de Els Cóms y la Iglesia de Sant Serni de Llorts. Declarada bien de interés cultural y con arquitectura rural, se erige en el casco antiguo del pueblo rodeada por callejuelas de piedra. Su ubicación cercana a las antiguas minas de hierro invita a visitar la mina de Llorts, la única mina que todavía se conserva intacta en el país. Con una longitud de unos 30 metros excavados, conocerás el proceso de transformación del hierro, desde su extracción hasta su elaboración en la Farga Rossell, una de las más importantes del siglo XIX.  Llorts también es punto de llegada de la Ruta del Hierro, que recorre todo el camino real desde La Cortinada, en un trayecto de hora y media.

Pero si eres de los que les gusta caminar, el camino real comienza en el pueblo de Serrat, donde encontrarás el puente de Ordino, un puente medieval que se trasladó en 1980. La ruta sigue por la ribera en dirección sur, atravesando diversas parroquias como Ordino, La Massana y Escaldes-Engordany, y acaba en Andorra la Vella.

Engolasters, mucho más que un lago

Aunque Engolasters no es un pueblo como tal, es sin duda una de las zonas rurales que no te puedes perder durante tu visita a Andorra. En el llano de Engolasters encontrarás antiguas bordas tradicionales, construcciones concebidas para guardar el ganado y las herramientas de trabajo del campo. Presidiendo el valle, verás la iglesia de Sant Miquel, que junto con la iglesia de Santa Coloma y la de Sant Joan de Caselles, forman parte de los monumentos del románico más importantes de Andorra. En su campanario de 17 metros, visualmente descompensado con su pequeña nave cuadrada, se pueden observar las cabezas esculpidas sobre las ventanas geminadas del último piso del campanario, uno de los pocos testimonios de la escultura románica del país. En la parte alta de la carretera, se encuentra uno de los lagos más conocidos y accesibles del Principado, el lago de Engolasters.

Cuenta con 7 hectáreas de superficie y es un recurso natural para la producción de electricidad en el país. Dispones del circuito hidroeléctrico, un recorrido que muestra la evolución de la electricidad en Andorra desde 1930 a través de las instalaciones que rodean el lago.  Asimismo, la zona es una de los principales accesos al valle del Madriu, declarado patrimonio de la humanidad de la Unesco en 2004, entre otras cosas.

Paseando por Fontaneda

Ubicado en la parte sur del país, Fontaneda es un pequeño pueblo que pertenece a la parroquia de Sant Julià de Lòria. Con poco menos de 150 habitantes, es una de las localidades más frecuentadas por ciclistas, ya que está situada en el trayecto hacia el collado de la Gallina, uno de los puertos de montaña más técnicos y exigentes, que ha sido escenario de la llegada de la Vuelta a España. El pueblo está formado por un conjunto de casas de piedra, y techos de losa, que cuentan con la particularidad de estar situadas una al lado de la otra, en un solo lado de la carretera con vistas al valle. El templo del pueblo, en este caso, no lo encontrarás en el mismo centro, sino a unos metros, ubicado en la parte más alta; desde donde se inicia la ruta de senderismo hacia el propio collado de la Gallina. Además, desde allí contemplarás una de las vistas más espectaculares sobre el valle laurediano.

Con una construcción singular y adosada a la montaña, Sant Miquel de Fontaneda conserva todavía en su interior algunos restos de pinturas del Maestro de Anyós, así como un altar tallado de una sola pieza. Para acabar la visita, te recomendamos que te pares en la bodega Mas Berenguer, una de las más nuevas del país, que trabaja con viñas variadas de Pinot Noir, Chardonnay y Sauvignon Blanc. Y, si todavía quieres saber más, otra visita que no te puedes perder es el santuario de Canòlich, erigido a más de 1600 metros de altura. Es uno de los tres principales santuarios del país, junto con la basílica de Nostra Senyora de Meritxell y el santuario de San Antoni de la Grella en La Massana.

Sispony, el cuarto más dulce de La Massana

Sispony forma parte de uno de los 7 cuartos de La Massana, aquí podrás ver, sobre todo, cultura, arte románico y culto. Ya desde tu entrada en el pueblo, podrás contemplar la perfecta armonía entre pasado y presente de las edificaciones. Construida justo en el centro del pueblo, encontrarás la primera joya: la iglesia de Sant Joan de Sispony. Pero a pesar de la belleza del entorno, será en sus corrales donde te quedarás maravillado: ubicados en las entrañas de Sispony, te parecerá estar viajando al pasado. Calles y casas de piedra, barandillas y ventanas de madera y hierro forjado y, sobre todo, mucha vegetación por los alrededores. Aquí mismo, también podrás visitar el Museo Casa Rull, uno de los pocos testimonios de la vida de una familia de campesinos, en una época en la que el cultivo y la explotación ganadera eran la base económica del país.

Si te gusta el senderismo, Sispony es la puerta de acceso a la sierra de Enclar, en la cual podrás recorrer el singular collado de Muntaner y llegar al pico de Enclar y de Carroi, desde donde disfrutarás de las impresionantes vistas a la capital y los valles de los alrededores. Para acabar la visita, te recomendamos endulzar el paladar visitando nuestro único microproductor de chocolate, Xocland, o bien las deliciosas confituras de El Pastador. Por último, si eres un amante del culto y el arte religioso, en la parroquia massanense cuentas con 3 templos más, fechados en el románico y cuya visita no te puedes perder: la iglesia de Sant Iscle i Santa Victòria, la iglesia de Sant Cristòfol d’Anyós, y también la iglesia de Sant Antoni de la Grella, que presenta la singularidad de estar adosada a la montaña.

Pal, un pueblo donde no pasa el tiempo

Si tuviéramos que destacar un pueblo con encanto, Pal seria sin duda uno de los mejores candidatos. Situado a más de 1500 m de altura y rodeado de naturaleza, es uno de los pocos que han conseguido preservar el perfil de pueblecito de montaña tradicional. Recorre sus callejuelas y déjate envolver por el estilo de las viejas casas, testimonio de épocas pasadas. Los materiales tradicionales de construcción, como la piedra, la madera y la pizarra, se alternan en casas antiguas y modernas. La iglesia de Sant Climent de Pal, construida entre finales del siglo XI y principios del XII, conserva todavía elementos originales en su conjunto arquitectónico. De hecho, Sant Climent de Pal es una de las iglesias más antiguas y singulares del Principado, y la única que tiene un campanario de 3 plantas, con una ventana doble geminada en la última altura.

¡Pero hay más! Si eres un aficionado a la BTT, a pocos kilómetros del pueblo se encuentra el Bike Park de Pal. Situado en el dominio esquiable de Pal Arinsal, cuenta con numerosos circuitos donde podrás practicar diferentes modalidades de esta especialidad y también dispone de una zona diseñada para la iniciación de los riders más jóvenes. En pleno verano, también podréis disfrutar en familia de un montón de actividades al aire libre en el Mountain Park. Otra de las visitas imprescindibles, si vas con peques, es el Bosque dels Menairons, en el cual recorreréis juntos un sendero mágico donde podréis interactuar con el entorno y los niños se iniciarán en la estimación y el conocimiento de la naturaleza. Para terminar, si os gustan los miradores, en Pal contáis con varios, donde disfrutaréis de unas vistas únicas.

Ransol, un pueblo atemporal

Situada en la parte alta de la montaña, Ransol es una población singular de pocos habitantes, formada por un grupo de casas antiguas que conviven con otras más modernas y actuales. Cuenta con un patrimonio cultural muy relevante: en su casco antiguo se encuentran diversas casas medievales con vestigios del pasado que no te dejarán indiferente. La capilla del pueblo, la iglesia de Sant Jaume de Ransol, de origen prerrománico, se encuentra situada junto a la carretera y forma parte de una etapa del conocido camino de los peregrinos, el Camino de Santiago. En el acceso del pueblo, encontrarás Cal Jordi, uno de nuestros microproductores expertos en la elaboración de embutidos tradicionales. En la visita podrás conocer cómo se elaboran sus productos y hacer una degustación.

La excelente situación geográfica de Ransol permite contemplar una espectacular panorámica sobre todo el valle de Canillo. Es un destino ideal para los amantes de la nieve por la proximidad a las pistas de Grandvalira, pero sobre todo es territorio de senderistas por el acceso al pico de la Serrera, una de las cimas de más de 2900 metros de Andorra.  Desde la Coma de Ransol salen algunas de las rutas más conocidas, como por ejemplo la del camino de los estanques de Querol y de las Salamandras o el camino circular de la parroquia, que transita una parte de sus 30 km por Ransol.
 

Como ves, nuestros pueblos tienen mucho que mostrarte. Este verano prueba un plan diferente y anímate a descubrir estas pequeñas joyas repartidas por nuestro país.

¡Mires donde mires, te fascinará!